La educación personalizada, el desarrollo de la autonomía y la posibilidad de que cada estudiante avance a su propio ritmo son algunos de los pilares de la propuesta de Kumon, que recientemente abrió su Centro Avellaneda, ubicado en Laprida 16.
En diálogo con Avellaneda Hoy, Jesica Mac Caddon, orientadora del centro, contó cómo surgió la iniciativa de instalarse en el distrito. Docente con más de 15 años de experiencia, explicó que conoció el método a partir de un alumno y comenzó a investigar la posibilidad de abrir una franquicia.
“Después de ocho o nueve meses de capacitación pude abrir el centro Kumon en Avellaneda Centro”, relató Mac Caddon sobre el proceso que culminó con la llegada de la propuesta al distrito.
Kumon cuenta con una trayectoria de 70 años desde su creación en Japón y actualmente tiene presencia internacional. Según explicó la orientadora, la metodología se aplica en más de 25.000 centros alrededor del mundo, mientras que en Argentina existen más de 60 distribuidos en distintas provincias. Esta presencia permite sostener un estándar común de enseñanza para los alumnos.

Uno de los principales aspectos que distingue al método Kumon es el abordaje individualizado. A diferencia del sistema escolar tradicional, donde los estudiantes suelen avanzar de acuerdo con el grado y la edad, la propuesta plantea un recorrido particular para cada persona.
“El material es el mismo y después cada uno de los orientadores tiene la tarea de diseñar un recorrido, un camino para cada alumno”, explicó Mac Caddon.
La metodología parte de un punto que el estudiante domina para, desde allí, incorporar nuevos conocimientos y avanzar progresivamente. De esta manera, el objetivo no es solamente completar contenidos, sino lograr que estos sean comprendidos y apropiados.
En ese proceso, el error tampoco es considerado como algo negativo. Cuando un alumno comete una equivocación, se busca que pueda identificarla y corregirla. Si es necesario, se realizan repeticiones dentro de un mismo nivel hasta alcanzar el dominio necesario para avanzar.
“En Kumon el error no está mal visto”, destacó la orientadora, quien remarcó que la repetición forma parte del aprendizaje y permite que los estudiantes reconozcan sus propios avances.

El método está dirigido a personas de todas las edades. Mac Caddon explicó que no existe una edad máxima y que en Argentina hay alumnos desde los dos años hasta adultos mayores.
En el caso de Matemáticas, el recorrido abarca desde el conteo y la sucesión numérica hasta contenidos más avanzados, como funciones, derivadas e integrales.
En Lengua e Inglés, el trabajo comienza desde las primeras palabras y la lectoescritura y avanza hacia la construcción de oraciones, la sintaxis, la gramática y, especialmente, la comprensión lectora.
En este último punto, la propuesta busca que los alumnos no solamente puedan leer, sino también comprender aquello que están leyendo, identificar conceptos y elaborar respuestas a partir de los textos.
En Inglés, además, el trabajo cotidiano permite desarrollar las distintas habilidades vinculadas al idioma: escuchar, hablar, escribir y leer. La metodología también incorpora audios de hablantes nativos para trabajar la fonética y la comprensión.
Otro de los pilares de Kumon es la constancia. Los alumnos asisten al centro dos veces por semana, mientras que los otros días continúan el trabajo desde sus hogares.
La rutina diaria puede demandar entre 10 y 20 minutos, dependiendo de la edad y del nivel de cada estudiante. Según explicó Mac Caddon, esa práctica sostenida permite desarrollar hábitos que van más allá de los contenidos académicos.
“Ese trabajo diario va a generar todos estos hábitos de concentración, disciplina, autonomía y gestión del tiempo”, señaló.
La propuesta busca que los alumnos puedan reconocer sus propios logros y ganar confianza a medida que avanzan. El objetivo es que, una vez que dominan un contenido, puedan plantearse nuevos desafíos y asumir progresivamente mayor autonomía frente al aprendizaje.
En este sentido, la orientadora destacó una idea central del creador del método. “Toru Kumon soñaba con un mundo feliz, donde los alumnos no solo superaran el nivel de la escuela secundaria, sino que además fueran niños plenos y felices”, señaló Jesica.
La frase resume una mirada que busca que el aprendizaje no se limite al rendimiento académico, sino que también contribuya a que los chicos incorporen herramientas que les permitan desenvolverse con mayor autonomía y confianza. La intención es que puedan gestionar mejor sus tiempos y, una vez cumplidas sus responsabilidades, disponer de más espacio para realizar actividades que disfruten, practicar deportes o desarrollar otros intereses.

Aunque el método tradicionalmente se desarrolla con material impreso, el Centro Avellaneda también trabaja con herramientas tecnológicas que permiten realizar los ejercicios de manera digital.
La tecnología, explicó Mac Caddon, funciona como un complemento que permite registrar los tiempos de trabajo y obtener información sobre el desempeño de los alumnos. A través de estas herramientas, los orientadores pueden observar cómo trabajan desde sus hogares y utilizar esos datos para ajustar el recorrido individual.
Los alumnos concurren dos veces por semana al centro y completan el resto de las actividades desde sus casas. De esta manera, las herramientas digitales permiten realizar un seguimiento del proceso incluso cuando los estudiantes no están físicamente en el establecimiento.
En ese sentido, sostuvo que la tecnología puede ser un recurso positivo cuando está orientada a objetivos educativos y existe un acompañamiento adulto sobre su utilización.
La metodología también puede ser utilizada por estudiantes universitarios y adultos que buscan recuperar conocimientos, desarrollar habilidades o mantener activo el entrenamiento cognitivo.
En esos casos, el recorrido comienza desde el nivel adecuado para cada persona, incluso si inicialmente los contenidos parecen sencillos. El objetivo es construir una base sólida que permita avanzar posteriormente hacia contenidos más complejos y mejorar la capacidad de resolución y comprensión.
Para Mac Caddon, el valor de la propuesta excede los resultados académicos. Entre las herramientas que busca desarrollar mencionó la autonomía, el autodidactismo, la gestión del tiempo y la resiliencia.

El Centro Avellaneda funciona en Laprida 16 y cuenta con horarios de atención por la mañana y por la tarde.
La propuesta también contempla jornadas de prueba para que las familias puedan conocer el material y experimentar la dinámica de trabajo antes de comenzar. Según explicó la orientadora, estas experiencias permiten que los chicos conozcan la rutina y puedan observar sus propios avances desde los primeros días.
Las personas interesadas pueden comunicarse con el Centro Avellaneda de Kumon al 11 3207-4309, consultar la información de la unidad a través de la página oficial de Kumon o a través de sus redes sociales: https://www.instagram.com/kumon_avellaneda_argentina/