Independiente atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos tiempos. A la profunda crisis institucional que golpea al club se sumaron recientemente las salidas de algunas de sus principales figuras, entre ellas Lomónaco, Gabriel Ávalos y Maximiliano Gutiérrez. En medio de ese panorama, y con un entrenador que todavía no termina de generar confianza entre los hinchas, el equipo necesitaba una alegría. Y la encontró en Santiago del Estero.
El Rojo, vestido de blanco, derrotó 1-0 a Central Córdoba y consiguió un triunfo que, más allá de las formas, representa un importante respiro para un plantel que venía acumulando dificultades dentro y fuera de la cancha.
La actualidad futbolística tampoco ofrece demasiados motivos para el optimismo. Independiente todavía no logra encontrar un funcionamiento colectivo sólido y, por momentos, parece quedar atado a las actuaciones individuales de Rodrigo Rey en el arco, Iván Marcone en el mediocampo y Diego Matías Montiel, capaz de aparecer prácticamente en cualquier sector del campo para intentar generar algo diferente.
En Santiago del Estero, sin embargo, el conjunto de Avellaneda encontró una pequeña dosis de tranquilidad. No le sobró demasiado, pero fue suficiente para quedarse con los tres puntos frente a un rival que tampoco atraviesa un buen presente.
Central Córdoba llegó al encuentro con números preocupantes como local: había perdido cuatro de sus últimos cinco partidos en esa condición y navegaba en la parte baja de la tabla, con apenas siete puntos, solamente dos más que Talleres, que ocupaba el último lugar. Además, el conjunto santiagueño tenía apenas cuatro goles a favor, una de las peores cifras de la competencia.
En ese contexto, el local volvió a mostrar sus limitaciones ofensivas y dependió en buena medida de lo que pudiera producir su número 10, Iacobellis. Independiente aprovechó esas dificultades y logró sostener una ventaja que terminó siendo decisiva.
El único gol de la noche llegó a los 12 minutos del segundo tiempo. En uno de los pocos ataques bien elaborados por el equipo visitante, Pérez Curci recibió y sirvió la pelota de gran manera para la llegada de Godoy. El lateral empalmó el balón de lleno con el empeine y sacó un remate que terminó en el fondo de la red para establecer el 1-0.
El tanto le permitió a Independiente jugar con mayor tranquilidad y encontrar algunos espacios ante un Central Córdoba obligado a adelantarse en el terreno. Poco después tuvo otra oportunidad para ampliar la diferencia.
En una acción similar a la del gol, Meza habilitó a Tempone y lo dejó cara a cara con Aguerre. El delantero quedó en una inmejorable posición, pero eligió definir abajo cuando la jugada pedía un remate por arriba. El arquero local respondió correctamente y evitó el segundo tanto del conjunto de Avellaneda.
El partido también tuvo como protagonista a una de las principales dificultades del conjunto santiagueño: la falta de precisión en ataque. Antes y después de esas dos acciones claras, sus delanteros cayeron reiteradamente en posición adelantada y desperdiciaron varias posibilidades de avanzar sobre el arco defendido por Rey.
Independiente, mientras tanto, hizo lo necesario para conservar la diferencia. Sin desplegar un fútbol convincente ni resolver los problemas que arrastra desde hace tiempo, consiguió algo que necesitaba con urgencia: ganar.
El 1-0 ante Central Córdoba no soluciona la crisis institucional ni disimula las carencias futbolísticas que todavía presenta el equipo. Tampoco alcanza para despejar todas las dudas que existen alrededor del cuerpo técnico y del plantel. Pero en un contexto tan delicado, los tres puntos pueden significar mucho más que una victoria.
El Rojo volvió a sonreír, aunque sea por un rato. Y en Avellaneda, después de semanas cargadas de conflictos, salidas importantes y cuestionamientos, ese pequeño respiro también cuenta.