miércoles 19 de agosto de 2026 - Edición Nº2814

Nacionales | 19 ago 2026

Informe de la UCA

Pobreza infantil: casi 4 de cada 10 chicos no puede acceder a ropa o calzado por falta de dinero

Un informe de la UCA revela que el 37,5% de los niños y adolescentes atravesó esta privación durante el último año. Además, persisten dificultades en el aprendizaje, la socialización y el bienestar emocional.


La pobreza infantil continúa siendo una de las principales problemáticas sociales del país, incluso después de la reducción registrada en los últimos años. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA advierte que el 37,5% de los niños, niñas y adolescentes tuvo dificultades para acceder a ropa o calzado por motivos económicos durante el último año.

El dato refleja que las privaciones que atraviesan las infancias no se limitan a la alimentación o la vivienda, sino que también alcanzan aspectos vinculados con el desarrollo, la escolaridad y la integración social.

Según el estudio, el 36,8% de los niños y adolescentes presentó problemas en el aprendizaje escolar, mientras que el 27,3% tuvo dificultades para hacer amigos y el 18,1% atravesó situaciones de malestar emocional.

La desigualdad social profundiza las privaciones

La dificultad para acceder a vestimenta es, entre las cuatro dimensiones analizadas, la que presenta la mayor brecha según el nivel socioeconómico. El problema alcanza al 58,3% de los niños y adolescentes pertenecientes al nivel socioeconómico muy bajo, mientras que en el nivel medio alto afecta al 17,8%.

El informe también señala que la pobreza infantil alcanzó un máximo histórico en 2024, cuando llegó al 70,4%. Si bien posteriormente descendió, en 2026 todavía afecta al 42,5% de los niños, niñas y adolescentes. La indigencia, en tanto, alcanza al 9,5%.

A lo largo de toda la serie analizada por el ODSA, los hogares con niños y adolescentes presentan tasas de pobreza sistemáticamente superiores a las de aquellos sin menores a cargo. El fenómeno es definido por el organismo como “infantilización de la pobreza”.

Los grupos de 4 a 11 años y de 12 a 17 años presentan trayectorias similares, mientras que la primera infancia, de 0 a 3 años, registra de manera sostenida menores niveles de pobreza. El informe vincula esta diferencia, entre otros factores, con la existencia de transferencias específicas destinadas a esa etapa, como el Plan 1.000 Días.

El peso de las transferencias sociales

El estudio destaca el impacto de las políticas de transferencia de ingresos en la reducción de la pobreza y la indigencia infantil. Según las estimaciones del ODSA, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar explicaron más del 90% de la reducción estimada de la pobreza infantil y alrededor del 97% al 98% de la disminución de la indigencia.

Sin estas transferencias, la indigencia infantil prácticamente se duplicaría: pasaría del 9,5% al 16,4%. En el caso de la pobreza, el indicador aumentaría del 42,5% al 47,8%.

El poder adquisitivo de estas ayudas, sin embargo, experimentó importantes variaciones. Durante el peor momento de 2024, las transferencias cubrían entre el 12% y el 28% de la Canasta Básica Alimentaria. Para 2026, esa cobertura se recuperó y alcanzó entre el 39% y el 62%.

La UCA advierte que, pese a la reducción de la pobreza entre 2024 y 2026, la distancia entre los ingresos de los hogares pobres y el valor de la Canasta Básica Total prácticamente no se modificó. Esto significa que quienes permanecen bajo la línea de pobreza no se encuentran significativamente más cerca de superar esa situación que durante los momentos más críticos de la crisis.

El empleo de los adultos, un factor determinante

El informe también identifica fuertes diferencias según la situación laboral del adulto responsable del hogar. La calidad del empleo aparece como uno de los principales factores que explican las brechas sociales.

De acuerdo con el ODSA, en 2026 existe una diferencia superior a 50 puntos porcentuales en la tasa de indigencia entre los hogares cuyo jefe o jefa tiene un empleo asalariado formal y aquellos en los que se encuentra desocupado o no trabaja.

Los hogares monomarentales y aquellos ubicados en la región del Noreste Argentino (NEA) también presentan mayores probabilidades de atravesar situaciones de pobreza o indigencia.

La proyección de UNICEF

Las estimaciones de UNICEF plantean un escenario similar para el primer semestre de 2026. Según sus cálculos, la pobreza podría alcanzar al 44,4% de los niños, niñas y adolescentes, mientras que la indigencia llegaría al 10,8%.

El organismo advierte que la evolución de los ingresos de los hogares, el costo de las canastas básicas, las condiciones del mercado laboral y el alcance de las transferencias sociales serán factores determinantes para establecer la magnitud de la situación durante el período.

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