Ubicado frente a la UNDAV, este centro cultural autogestionado celebra una década de vida inaugurando nuevos espacios. De los debates políticos a la consolidación de una cooperativa de trabajo, el "Sosa" se erige como un faro de esperanza que combina ciclos de tango, rock y el Plan Fines para los vecinos.
En España 287, el sonido de las herramientas se mezcla con el murmullo de los vecinos. El Galpón Cultural Mercedes Sosa —o simplemente "Galpón Sosa", como prefieren llamarlo ahora para ganar cercanía— atraviesa un momento bisagra: la inauguración de su nuevo patio al aire libre. Lo que hace una década comenzó como una iniciativa de jóvenes que "iban contra todo", hoy es un espacio de referencia que demuestra que el arte es, ante todo, una herramienta de transformación real.

De la "tira-piedras" a la gestión cooperativa
Juan Manuel Otero, presidente de la asociación civil y referente del espacio, recuerda los inicios en 2015 con una mezcla de nostalgia y orgullo. "Entramos discutiendo el rol del artista y hoy, diez años después, estamos levantando una cooperativa formal de trabajo", explica. Aunque burocráticamente están en los pasos finales para dar de alta la cooperativa, en la práctica funcionan como tal: asambleas quincenales, roles distribuidos y una convicción clara de que la cultura es un trabajo.
El Galpón no sólo ofrece música y cerveza. Es también una sede educativa. De lunes a jueves, el lugar funciona como aula para el Plan Fines, permitiendo que los vecinos terminen el secundario. "Ya tuvimos tres camadas de egresados", señala Juan Manuel, subrayando la función social que cumplen en un barrio que, según sus palabras, estuvo mucho tiempo postergado.

Una agenda con identidad propia
La propuesta cultural del Galpón Sosa se aleja de la lógica puramente comercial. Aquí, la programación tiene "bandera":
El vínculo con el territorio y el Estado
A diferencia de otros centros culturales, el Galpón Sosa ha logrado un equilibrio entre su independencia y la articulación con el municipio y organizaciones gremiales. Hoy es la sede del SiPreBA (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) en Avellaneda y mantiene un diálogo fluido con la Secretaría de Cultura local.
"La pandemia nos cambió la forma de entender la gestión", confiesa Manuel. "Nos dimos cuenta de que teníamos que adaptar esa cuestión voluntarista a una laboral y articular con las políticas del municipio". Esa apertura permitió acceder a subsidios que se tradujeron en obras concretas, mejorando la infraestructura de un lugar que hoy los vecinos agradecen por traer "luz y ruido" sano a las esquinas del barrio.
"Abrazador": La mirada de la nueva generación
Para Juana, quien llegó al Galpón como espectadora y hoy lidera la gestión de los miércoles, el espacio es su "segunda casa". Destaca la importancia de la cercanía con la universidad pública como motor de estos proyectos. "Hay que seguir bancando la universidad y la cultura local popular; así nos sostenemos entre nosotros", afirma. Para ella, el Galpón se define con una palabra: "Abrazador".
El sueño de los diez años
Al mirar hacia el futuro, la ambición no es económica, sino de permanencia. Juan Manuel se imagina el lugar con entrepisos, pasarelas para técnicos y, sobre todo, como propietarios. Tras años de renovar contratos de alquiler, el objetivo es comprar los dos galpones para consolidar esta "usina de creación".
"Para mí, este lugar tiene que ver con la esperanza", concluye Juan Manuel, citando a Charly García. "Es un espacio utópico, la historia colectiva más linda que puedo contar. Te da siempre un motivo para dar un paso más adelante".

El Galpón Sosa inauguró su nuevo patio este 30 de abril, con la participación del intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, ampliando su capacidad para recibir a la comunidad de Avellaneda en un espacio que, contra viento y marea, sigue creciendo.