La escalada inflacionaria sigue golpeando con fuerza: en marzo, una familia tipo necesitó más de $1.434.464 para no caer en la pobreza. En ese contexto, en Villa Domínico cada vez más vecinos recurren a una práctica impensada tiempo atrás: esperar el descarte de mercadería en un supermercado DIA como forma de subsistencia.
En Avellaneda, la escena se repite cada tarde en playas de estacionamiento y puertas traseras del supermercado DIA ubicado sobre avenida Belgrano, entre El Salvador y Gobernador Alberto Barceló. Hombres, mujeres y familias aguardan el momento en que el personal retira de las góndolas productos que ya no pueden venderse por su cercanía al vencimiento o por políticas comerciales.
Lo que antes era una práctica asociada a personas en situación de calle extrema, hoy se transformó en un recurso de subsistencia para jubilados, trabajadores informales y sectores de clase media baja que no logran cubrir la canasta básica. La inflación interanual alcanza el 32,6%, mientras que la canasta básica alimentaria se ubicó en $658.011.

Entre las 14 y las 22 es el horario en que se descarta la mercadería. “Se encuentra de todo: carne, verduras, panificados y fideos”, contó Marta González, vecina que desde enero concurre al lugar para alimentar a su familia. “Si no salgo todos los días a buscar lo que consiga, mi familia no come”, agregó.
La contradicción es evidente: mientras las familias dividen lo recolectado, la Ley 25.989, sancionada en 2004 y destinada a promover la donación de alimentos en buen estado, queda atrapada en la burocracia y gran parte de los productos termina en el desperdicio. A pesar de esta normativa, el personal del comercio, aunque consciente de la práctica, desecha los alimentos con algunas roturas para impedir una futura comercialización.
La realidad en las calles no espera. El rebusque a partir de los descartes crece y suma a quienes, hasta hace poco, accedían a los alimentos por canales tradicionales. La supervivencia se mide en bolsas de descarte donde son cada vez más los que concurren a este método y en él mientras tanto la brecha entre necesidad y desperdicio se hace cada vez más visible.