Por: Gustavo Perezlindo
En el corazón de Villa Domínico, partido de Avellaneda subsiste un territorio que desafía el avance de la infraestructura y las promesas de urbanización. “La Tierrita”, este ex asentamiento y denominado barrio humilde o “villa de emergencia” delimitado por las calles Crisólogo Larralde, San Lorenzo, La Fuente y Comandante Lucena, se ha convertido en el epicentro de un reclamo vecinal que exige condiciones de vida dignas y la regularización de servicios básicos esenciales.
La situación se profundizó esta semana, cuando las intensas lluvias dejaron una vez más al descubierto la precariedad con la cual las familias del lugar tienen que convivir. Los vecinos reclaman que la falta de desagües pluviales y el tendido eléctrico representan un riesgo constante.

Lo cierto es que la situación habitacional se agrava ante la falta de integración al entramado urbano formal. Según nos contó Romina Martínez, vecina y habitante del barrio, hace años se viene exigiendo respuestas del Municipio de Avellaneda, ya que si bien hace un tiempo si se realizaron algunas mejoras de urbanización como el asfaltado de calles o luminaria, pero no alcanzó, cada vez que aparecen las lluvias el barrio se convierte en un río a causa de no tener un sistema pluvial acorde a las consecuencias.
Las faltas de políticas públicas y debido al crecimiento demográfico que no fue acompañado durante décadas, generan un foco de vulnerabilidad sanitaria y social que ya no puede ser ignorado por las autoridades locales.
A pesar de los cambios de gobierno, los residentes de la Tierrita sostienen que no son tenidos en cuenta en la agenda pública. “Queremos pagar nuestros servicios, pero queremos que lleguen”, afirma un referente vecinal. Mientras la lucha continúa el barrio espera que la justicia social deje de ser una consigna de campaña. Sin intervención estatal inmediata y profunda, el barrio corre el riesgo de quedar atrapado en un ciclo eterno de marginalidad y olvido.