A un año del cierre de la histórica gráfica Morvillo, ubicada en Francisco Pienovi 317, Avellaneda y con más de cinco décadas de actividad, la planta continúa sin producción, aunque sus trabajadores siguen presentes en el lugar con la intención de evitar que el establecimiento termine rematado y avanzar en una alternativa que permita recuperar los puestos de trabajo.
La empresa dejó de operar el 25 de febrero de 2025 y poco tiempo después la Justicia confirmó su quiebra. Desde entonces, unas 250 familias quedaron afectadas por el cierre. Actualmente, el foco de los trabajadores no está solo en reconstruir lo ocurrido con la firma, sino en encontrar una salida laboral frente a un escenario que dejó a muchos de ellos fuera del mercado formal tras décadas de antigüedad.
Dentro del establecimiento, la imagen cambió por completo. Donde antes funcionaban las rotativas y los distintos sectores de producción, hoy predominan las máquinas detenidas y la organización de turnos de guardia para custodiar las instalaciones.
Sebastián Rodríguez, secretario general de la comisión interna, describió el clima que se vive en la fábrica desde el cierre. “Cuando entro a la planta se siente un silencio muy fuerte. Eso nos recuerda todo el tiempo que queremos volver a poner en marcha las máquinas que durante años funcionaron las 24 horas”, señaló.
Los trabajadores permanecen en la planta en calidad de custodios judiciales de los bienes de la empresa. Esto incluye el edificio, las maquinarias, herramientas y materiales existentes.
Durante este año organizaron un esquema de funcionamiento interno que contempla guardias, mantenimiento del lugar y actividades para visibilizar el conflicto. Según explican, algunos sectores de la planta, como el área de encuadernación, podrían retomar tareas con relativa rapidez, mientras que las rotativas requerirían una inversión inicial luego de meses sin actividad.
Sin embargo, la principal dificultad no está dentro de la fábrica sino en la situación económica de quienes perdieron su empleo. Muchos de los trabajadores superan los 50 años y cuentan con trayectorias laborales de más de tres décadas en la industria gráfica.
“La mayoría está sobreviviendo con changas o trabajos ocasionales”, explicó Rodríguez, quien también remarcó las dificultades para reinsertarse laboralmente debido a la edad y a las condiciones del mercado de trabajo actual.

El cierre de Morvillo se produjo en medio de un contexto complejo para el sector gráfico, atravesado por la caída del consumo, el aumento de costos y los cambios tecnológicos en la industria. Los trabajadores también vinculan la situación con el impacto de las importaciones en el mercado local.
La planta, que llegó a ocupar dos manzanas en Avellaneda y más de 13.000 metros cuadrados de infraestructura, fue durante años una referencia en la impresión de revistas, folletos, catálogos y otros materiales gráficos.
Con el paso de los meses, el reclamo de los trabajadores se orientó hacia la posibilidad de reactivar la planta mediante una cooperativa o un esquema productivo alternativo.
En ese marco, presentaron en la Legislatura bonaerense un proyecto que plantea la continuidad productiva de la gráfica con participación estatal. La propuesta contempla, entre otras alternativas, la impresión de materiales educativos para distintos municipios de la provincia.
Mientras el proceso judicial de quiebra continúa su curso, los trabajadores siguen presentes en el establecimiento, organizando guardias y sosteniendo el reclamo por una solución que les permita volver a trabajar.
Fuente: Página 12 y Propias