En diálogo con Avellaneda Hoy, Francisco Spano, vecino de Avellaneda, doctor en Ciencias Físicas y ex presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear, compartió su experiencia en la puesta en marcha de la central Atucha II. Además, reflexionó sobre el valor estratégico de la ciencia y la tecnología para la soberanía nacional y analizó el presente de la política energética argentina.
¿Cuándo el presidente Néstor Kirchner tomó la decisión de poner en valor la central?
En agosto de 2006, después de discusiones, análisis y de pensar que era necesario hacer, Néstor Kirchner avanza con el relanzamiento del Plan Nuclear Argentino, junto a otras fuentes de energía que recibieron una inversión de 24.000 millones de U/S, el plan nuclear en Argentina relanzado venia de antes, y tuvo algunos contratiempos por problemas presupuestarios o detenciones cuando algún gobierno aceptaba las presiones de los EEUU que sistemáticamente boicoteaba el desarrollo nuclear argentino. Siempre fue un plan de excelencia, robusto y escalado para la necesidad del pueblo ni más ni menos, o sea no había veleidades o cosas extrañas, estaba aplicado exclusivamente para la paz, nunca hubo proyectos armamentísticos relacionados con la energía nuclear, además muy prudente a nivel internacional.
Vos fuiste uno de los protagonistas ¿Contá un poco cómo fue?
Ese desarrollo terminó con la frutilla del postre que fue el arranque de la central Atucha II que había comenzado en 1977 su construcción y tuvo varios períodos de inacción, hubo momentos groseros como en la época de Cavallo que quería convertirla a gas. También hubo algún trabajador que, de la preocupación y apego al trabajo, murió infartado cuidando las piezas en los galpones con ambiente controlado, ¡se tuvo mucho apego y responsabilidad! La empresa proveedora Siemens dejó de tener su división nuclear y nos dejó solos, por lo tanto, la terminación la hicimos nosotros, fue una tarea muy intensa e interesante porque tuvimos hasta que entrenar soldadores dado que los que habían trabajado en las centrales nucleares de Embalse y Atucha I estaban pasados de años y se necesitaba gente joven con buen pulso para soldar y “lo interesante para darle un remate a esto, es que tecnológicamente, no solo aprendimos como se hacen las cosas sino, porque había que hacerlas”.” Dimos un salto infinito hacia el futuro”.
¿Cómo fue ese arranque inicial?
La central nuclear Atucha II pudo iniciar su puesta en marcha nuclear, luego de más de 10 años de estudios de seguridad y actualizaciones de distintos sistemas que la componen. Toda esa titánica tarea permitió que el organismo regulador entregara a la Entidad Responsable de la operación de la Central “LA LICENCIA DE PUESTA EN MARCHA” la que justamente firmé como presidente del Directorio de la Autoridad Regulatoria Nuclear el 29/05/2014. El día 03/06/2014, cerca de las 9 h de la mañana, la central nuclear “se encendió” dado que alcanzó su primer “estado de criticidad” (reacción de fisión en cadena, en forma controlada, de átomos de uranio-235.) A partir de ese momento comenzaron un sinnúmero de pruebas para definir, entre otros, los parámetros de operación. Finalmente, el día 26/5/16, mediante la entrega de la “LICENCIA DE OPERACIÓN” comenzó su etapa comercial, inyectando energía eléctrica a la Red. Fue un logro nacional y soberano. Eso lo pudimos hacer nosotros los argentinos.
¿Qué opinas del tema energético, Vaca Muerta y el estado de la ciencia y tecnología?
En el siglo que estamos transitando, para que una nación sea “independiente”, no le suma tener portaaviones y aviones o misiles sofisticados. La única forma de sustentar la soberanía que te garantice la estabilidad para decidir el futuro como nación es contar con un sistema de Ciencia y la Tecnología (CyT) de excelencia y robusto, enmarcado en una política de estado permanente. Cualquier otra solución es endeble y solo lleva a la dependencia absoluta a pasos agigantados. Nuestro sistema de CyT, a pesar de las limitaciones que fijaron las frecuentes crisis que atravesó la Argentina, siempre continuó avanzando y consolidándose, en particular en el período 2003-2015. Hoy lamentablemente eso no ocurre y las instituciones creadoras de conocimiento de CyT experimentan como mínimo un ahogo presupuestario insostenible.

Respecto del tema energético, casi nada está claro (es decir no hay una planificación virtuosa). Por ejemplo, el gasoducto de Vaca Muerta que había sido pensado para el norte argentino, hoy se emplea para alimentar las centrales eléctricas donde hay mayor demanda, pero eso “le quita desarrollo” a otros sectores eternamente postergados. A mi entender las decisiones van a contramano de resolver lo necesario y se está perdiendo tiempo. Creo que, en estos momentos, la política energética es de coyuntura y utilizada para resolver “urgencias económicas puntuales”. Por otra parte, para la construcción de una central nuclear hace falta todo un andamiaje de ciencia y técnica y un sistema industrial desarrollado o a desarrollar para sustentar la construcción. (Metales especiales, procesos especiales, equipamientos electrónicos, caños para soportar altas presiones, bombas hidráulicas para altos caudales; es otra escala, y el valor agregado que aporta el desarrollo y la construcción de una central nuclear es una locomotora que arrastra al resto de la industria y de las capacidades productivas de un país. (Hay tantas necesidades que indefectiblemente esa construcción hace aparecer pequeñas empresas de alta tecnología, en municipios como el nuestro.)
Manos invisibles negativas detienen el desarrollo nuclear, ¿tal vez sea eso que no deja avanzar los planes energéticos? Los contratos firmados con China por los reactores nucleares (que ya estaban “congelados”), hoy son de muy dudosa existencia.
Esos contratos con China, para la construcción de centrales nucleares, nos permitirían diversificar la tecnología nuclear y en consecuencia son muy importantes porque estaríamos mejorando los sistemas de generación nucleoeléctrica. Obviamente la causa de la no implementación de estos contratos, que casi estaban finalizados para su firma en el año 2015, fue y es la relación de seguidismo que la Argentina tiene con EE.UU., en particular en el área nuclear, desde hace 10 años a esta parte; ellos no dejan que países como Argentina tengan relaciones con comerciales y de CyT con China pero tampoco nos dan facilidades como nos dan los chinos.
Cada vez que pueden meter palos en la rueda lo meten y obstaculizan nuestro desarrollo nuclear independiente que venía creciendo y mejorando desde 1950 por más de 70 años.