La mandarina (Citrus reticulata) es muy parecida a la naranja, pero más pequeña y de forma esférica, contiene una pulpa dulce y jugosa que se divide en 10 ó 12 gajos; es considerada una de las frutas más preciadas por sus múltiples propiedades culinarias, cosméticas y medicinales.
En la gastronomía, la cáscara de la mandarina se usa para saborizar gelatinas, caramelos, gomas de mascar, panes, bebidas carbonatadas y licores, de igual forma, se emplea en la elaboración de aceites con los que se sazonan las ensaladas, carnes, pescados y mariscos.
Con el aceite de mandarina se elaboran cosméticos para proteger la piel y de forma natural disminuir las manchas solares, así como para evitar el envejecimiento prematuro y la aparición de arrugas.
Por otro lado, el alto nivel de nutrientes de la mandarina nos protege contra problemas cardíacos, infecciones, anemias, alergias, diabetes y varios tipos de cáncer. Asimismo, contribuye a combatir el colesterol, estreñimiento, presión arterial, deshidratación, obesidad y estrés.
Entre los beneficios del consumo de mandarina están: