lunes 25 de octubre de 2021 - Edición Nº1055

Cultura | 16 mar 2021

Historia de Avellaneda

Fabían Onsari en la identidad de Wilde y en la historia de la Masonería

El historiador Oscar Andrés De Masi, hace un repaso acerca de la vida de una figura fuertemente identitaria para la historia social, económica y cultural de Avellaneda, como así también de un alto dirigente de la Masonería Argentina.


Por: Oscar Andrés De Masi

Fabián Onsari no nació ni murió en Avellaneda, pero fue una figura fuertemente identitaria para la historia social, económica y cultural, y para el progreso local y el debate de las ideas políticas en aquella ciudad. Ello, de entrada, explica por qué una calle (o avenida) del partido lleva su nombre. 

Fue un hombre polifacético (aunque aclaremos que no era médico, como erróneamente se consigna en algún sitio de Internet): hacendado, comerciante, empresario periodístico y periodista también, historiador y alto dirigente de la Masonería Argentina. Ocuparnos de su trayectoria completa excedería los límites de esta semblanza, donde consignamos sus notas más salientes.

Había nacido en San Vicente en, 1892, hijo de don Emilio Onsari y de doña Filomena Echeveste.

Tras completar los estudios escolares en su pueblo natal, se trasladó con su familia a Avellaneda, residiendo, según Patricia Denti, en la calle Alberdi nº 164, en un hogar modesto.

Como señaló su autorizada biógrafa María Cristina Echazarreta, a los 14 años entró a trabajar como dependiente en el almacén de Galli en Avellaneda, y se formó como autodidacta durante un tiempo. Su inclinación por el comercio lo condujo a la “Academia Fossa”, donde adquirió los rudimentos técnicos de la actividad mercantil.

En plena juventud fue gerente del Centro Comercial e Industrial de Avellaneda; y entre 1920 y 1921 desempeñó la gerencia de la compañía de seguros “La Comercial de Avellaneda. También integró el directorio del Banco Comercial e Industrial de Avellaneda. Sin duda, estos espacios de representación de la vida económica y financiera de aquella Avellaneda pujante, lo pusieron en contacto con una clientela representativa de todos los actores productivos locales. Conocía, pues, el territorio, su potencial y también su problemática. Y su próspera posición económica la fue ganando a puro trabajo y empeño. 

Antes, en 1910, siendo muy joven, y mientras la República celebraba el Centenario de Mayo, había decidido afiliarse a la Unión Cívica Radical, donde hizo carrera partidaria, ocupando casi todos los cargos directivos: presidente del Comité Juvenil, Vicepresidente del Comité Avellaneda, Convencional Nacional, Tesorero del Comité Central y Secretario General del partido entre 1936 y 1943.

Sus dotes de organizador y dirigente, su conducta intachable, sumado a su vocación militante, hicieron de él un cuadro político de excepcional calidad y compromiso.

Fue concejal en Avellaneda entre 1918 y 1928; fue diputado provincial entre 1920 y 1926; y fue senador provincial electo por el distrito de Avellaneda entre 1926 y 1930, cesando a causa del golpe de estado del 6 de septiembre. Por sostener sus convicciones democráticas, sufrió un confinamiento en la Isla Martín García, desde donde mantuvo su prédica escrita en favor de las libertades civiles.

Regresó a la labor parlamentaria, como diputado nacional, entre 1938 y 1942. Había sido reelecto para el período 1942-1946, pero la revolución de de 1943 impidió su continuidad.

Volviendo a su actividad legislativa provincial en favor de Avellaneda, las ya citadas cronistas Echazarreta y Patricia Denti registran como iniciativas de Onsari (las llamadas “leyes Onsari”) la pavimentación de la avenida Mitre, desde Sarandí hasta Quilmes; la canalización de los arroyos Sarandí, Santo Domingo y Brown; la pavimentación de la calle América del Norte, entre otros aportes comunales. Sin duda, los vecinos de Avellaneda, aunque quizá ignoren el nombre de su promotor, podrán reconocer en estas obras una señal inequívoca de progreso urbano.

El periodismo, el derecho, la historia

En el año 1915 fundó junto a otros socios el periódico “La Libertad” de Avellaneda y lo dirigió durante 30 años. El nombre elegido para ese periódico no era casual y reflejaba un valor principal en la ideología de Onsari.

Escribió obras sobre temas de gobierno municipal y otros asuntos de interés social como “El Montepío ciivl”, “La ciudad moderna”, “Hospital Nacional Policlínico del Trabajo”, “Hacia el seguro social” etcétera.

También incursionó en el ensayo sociológico-político con sus obras “En defensa de la civilización”, “Unidad de los pueblos de América” , “Cultura y periodismo” y “Acción laica”. Precisamente, en su condición moral de librepensador, fue un ferviente defensor del laicismo.

La historia argentina fue otro de los temas que concitaron su interés, dedicando trabajos a San Martín, y a Sarmiento, y una monografía muy completa relativa a “San Martín, la Logia Lautaro y la Francmasonería”, reeditada hace pocos años por iniciativa de su hijo, el recordado escribano, historiador y dirigente masón Néstor Onsari (con quien tuve el privilegio de hablar acerca de las ideas de su padre en dos ocasiones que aún recuerdo nítidamente, hace ya más de 30 años: durante una cena en el célebre y ya desaparecido restaurant “Pantagruel” de Lomas de Zamora, y durante un homenaje a su abuelo, el Prof. Angel Bassi, en la Biblioteca Mentruyt).

Su última obra, que no llegó a ver impresa, versaba sobre Mitre y los ideales de la Masonería, y fue comentada elogiosamente por el diario “La Unión” de Lomas de Zamora el 14 de agosto de 1956. Fue su escrito póstumo.

La Masonería

Junto a la intensa labor legislativa (se cuenta que asistía puntualmente a las sesiones parlamentarias y desempeñaba con eficiencia sus deberes como secretario en la Comisión de Industria y Comercio) otra de las instituciones a las cuales Onsari  dedicó sus energías fue la Masonería, llegando a ser un dirigente de alta jerarquía, como lo ha consignado el historiador masónico Alcibiades Lappas en “La Masonería Argentina a través de sus hombres”. 

Fue iniciado en la Logia Lautaro en 1921 y se desempeñó como venerable Maestro en varios períodos. En la Gran Logia de la Argentina ocupó el cargo de Gran Maestre dos veces: entre 1928-1936 y entre 1939-1945; siendo hasta ese momento el ciudadano argentino que, por tiempo más prolongado, ocupó ese cargo. 

Se ha comentado en los círculos masónicos que esos 14 años de su conducción fueron ejemplares e insuperables en muchos aspectos.

Desde 1928 participaba como miembro activo del Supremo Consejo Grado 33, en cuyo seno ocupó los cargos  de Gran Secretario y de Gran Comendador, desde 1940 hasta su fallecimiento, que ocurrió en 1956.

Poniendo de relieve su visión americanista, en el marco de una misión de confraternidad entre logias, visitó los países de América Latina concretando una gira masónica memorable.

Un último aspecto destaca su filantropía, consistente con los ideales proclamados por la Masonería: entre 1951 y 1956, presidió el Hogar de menores “Bernardino Rivadavia” (que antes fue el Orfanato Masónico). Con anterioridad, había trabajado en favor del libre ingreso de huérfanos al país, procedentes de países en guerra.

Falleció en Lomas de Zamora, donde residía y, como señala M. C. Echazarreta, sus restos descansan en el cementerio de Lomas de Zamora (lo cual implica que el dato del sitio “Find a grave”, que los ubica en el cementerio de Avellaneda, sería erróneo). Había contraído matrimonio con Julia Bassi, hija del prestigioso educador y afiliado masón Prof. Angel Bassi.

Nota bibliográfica

Para aquellos que deseen profundizar en aspectos de la vida y los logros de esta figura identitaria de Avellaneda, recomiendo los siguientes trabajos: “Fabián Onsari, biografía” de María Cristina Echazarreta y “Fabián Onsari, un ejemplo de vida” de Patricia Denti. 

Y para aquellos que quieran conocer el pensamiento vivo de Onsari, nada mejor que leer o releer sus ensayos.

 
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