lunes 25 de octubre de 2021 - Edición Nº1055

Cultura | 26 feb 2021

Historia de Avellaneda

Agustín Piaggio, Capellán de la Fragata Sarmiento: de Avellaneda, a los mares del mundo

El historiador Oscar Andrés De Masi, hace un repaso acerca de la vida del sacerdote católico oriundo de Avellaneda, quien también fue una figura orientadora de la juventud marinera de su época.


Por: Oscar Andrés De Masi

Una calle céntrica de la ciudad de Avellaneda lleva el nombre de Monseñor Agustín Piaggio. ¿Quién fue aquel sacerdote católico? ¿Qué méritos lo hicieron acreedor de este homenaje en la nomenclatura urbana? ¿Por qué en esa localidad ?

Señalemos, de entrada, que había nacido en aquella Avellaneda que se llamaba entonces Barracas al Sur, en 1873. En cuanto a la fecha exacta, existen dos versiones; o el 24 de agosto (como consignó su obituario en la Revista Eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aires), o el 23 de mayo (como lo registra, con más probabilidad, el historiador del clero de Buenos Aires, Francisco Avellá Cháfer).

Era hijo de italianos establecidos en esa banda del Riachuelo. Su hogar fue humilde.

Aprendió su Catecismo con el párroco Blas Pérez Millán que ocupaba el curato de Barracas al Sur desde el año 1882 (y a quien le tocó actuar en favor de las víctimas de una terrible inundación)

Cursó estudios en la escuela pública del distrito, e ingresó en el Seminario Conciliar de Buenos Aires cuando apenas tenía 12 años, para dar respuesta a su temprana vocación sacerdotal y a su inclinación por el saber. 

Tales eran sus cualidades intelectuales que, tres años más tarde, en 1888, fue enviado a Roma para continuar sus estudios de Filosofía y de Teología. Allí recibió la ordenación sacerdotal en 1895.

De regreso a la Argentina, en 1896, fue destinado como Teniente Cura al Baradero (provincia de Buenos Aires) y a finales del mismo año fue nombrado Cura Vicario de Azul, donde dio comienzo a la construcción del templo bello parroquial. Permaneció en Azul sólo tres años: en 1899 fue designado Capellán del Asilo San Vicente de Paul y en 1900 fue nombrado en la Curia de Buenos Aires, donde actuó apenas dos meses. 

Pasó luego como Teniente Cura a la iglesia de La Piedad en el barrio de Congreso y, más tarde, fue director espiritual del Círculo Católico de Obreros de San Telmo, hasta 1907. Eran tiempos de profunda reflexión acerca del rol de las clases trabajadoras, motivada por la lectura y discusión de  encíclica “Rerum Novarum”, y él estuvo a la vanguardia de aquellos debates novedosos.

En la Armada Argentina

Piaggio asumía numerosas ocupaciones simultáneas, las cuales lo iban convirtiendo en una figura sacerdotal bastante conocida y cada vez más respetada. Era un excelente orador y sus conferencias fueron muy concurridas. Además, hacía gala de una vasta cultura y buen talante.

Pero su vida y su destino iban a quedar signados por su desempeño en la Armada Argentina.

En 1902 ingresó como Capellán de la Marina de Guerra, y en 1904 acompañó, como tal, el primer viaje de instrucción de la Fragata Sarmiento. Fue una larga travesía por los mares del mundo, que reiteró en 1924. Pocos sacerdotes argentinos podían acreditar semejante experiencia de viajeros.

Sus camaradas de a bordo lo recordaban como de trato sumamente ameno y decían que su compañía era algo así como un “regalo” en las largas navegaciones, porque asumía el perfil de un compañero y un hermano, antes que lucirse como oficial.

Se dijo que sus conversaciones eran entretenidas y que, en ellas, siempre guardaba lugar para recordar a su anciana madre, aquella modesta y antigua vecina italiana de Avellaneda. ¿Por qué no suponer que, en aquellas evocaciones que venían a su mente en medio de las aguas más remotas, no estuviera presente, también, su pueblo natal y  las calles de su barrio de infancia?

Piaggio escritor religioso e historiador

Su gusto por la lectura le permitió adquirir una cultura sólida y otros idiomas. Tradujo del italiano la “Historia de Cristo” de Giovanni Papini; y del francés “La Religión Demostrada” de Hillaire, entre otras obras.

Pero donde quizá alcanzó mayor brillo fue en su tarea historiográfica. El jesuita P. Guillermo Furlong escribió que, aunque Piaggio no tenía al comienzo “pasta” de historiador, tal vez la adquirió en las largas travesías oceánicas, donde se alargaban las horas de lectura en su pequeño camarote de la Fragata Sarmiento. Es plausible.

Lo cierto es que, en 1910, con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo, ganó un concurso con un trabajo, publicado en 1911, con el título de “Influencia del Clero en la Independencia Argentina”. Se trata de una obra hoy difícil de conseguir, pero de lectura indispensable.

El plan de Piaggio era aún más ambicioso: quería escribir un comentario histórico completo de las Actas del Congreso de Tucumán, tal vez en unos 20 tomos. Llegó a publicar apenas una parte. Al momento su muerte, se hallaba trabajando en base a 3.000 fojas (unas 6.000 páginas) de documentos originales que le había facilitado en préstamo el gobierno de la Provincia de Buenos Aires. A tal punto llegaba su prestigio y su confiabilidad.

Otra iniciativa de Piaggio fue la realización, para el centenario de la Declaración de la Independencia en 1916, de una placa artística fundida en bronce por el establecimiento de Constante Rossi, con los nombres de los sacerdotes católicos que habían participado en las primeras asambleas patriotas, entre 1810 y 1816. 

La propuesta de Piaggio era que que la placa luciera en la fachada de todas las iglesias importantes del país. Aún hoy puede verse en muchas de ellas.

Otros logros y su muerte

Por su activo desempeño pastoral y por su probado saber, la Santa Sede le concedió los títulos de “Camarero Secreto” y de “Prelado Doméstico de su Santidad·. De ahí que pudiera usar, antes de su nombre de pila, el tratamiento honorífico de “monseñor”.

Además, en 1920, la Santa Sede le confirió el grado de Doctor en Sagrada Teología.

Monseñor Piaggio falleció en forma prematura y repentina, un 2 de junio de 1926, a los 53 años. Pocos días antes, el 23 de mayo, estando enfermo, hizo caso omiso del consejo médico y con un gran esfuerzo de patriotismo acompañó en el Arsenal de la Dársena Norte, la jura de la bandera por los conscriptos de la Marina, a quienes tanto apreciaba.

Fue, sin duda, una figura orientadora de la juventud marinera de la época.

Su funeral fue solemne y muy concurrido, especialmente por representantes de la Armada, del Ejército, del Gobierno y de la Iglesia de Buenos Aires. Tras la misa en la iglesia del Pilar, (cuyo interior y atrio estaban colmados de gente), se condujo el féretro hasta el cementerio de la Recoleta, a pocos metros, donde fueron pronunciados varios discursos que destacaron sus condiciones de sacerdote, de marino, de orador, de escritor y de amigo y camarada. Principalmente estas últimas dos. 

Se le tributaron las honras fúnebres  correspondientes al grado de Capitán de Navío, y sus restos fueron depositados en el Panteón del Clero.

Allí permanece este hijo de Barracas al Sur, que de niño, tantas veces habrá contemplado las barcazas  en el Riachuelo, para decidirse, ya hecho hombre, a surcar los mares más lejanos del globo, a bordo de la Fragata Sarmiento.

Bonus track

Quienes se interesen aún más en la figura de Piaggio y en el homenaje de la posteridad, pueden acercarse a observar una hermosa placa artística de bronce oscuro que lo recuerda en Lomas de Zamora, en esa esquina de la calles Laprida, donde nace, precisamente, ¡la calle Piaggio!

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