La Catedral de Avellaneda-Lanús celebró el sábado 15 de agosto la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, en una jornada marcada por la fe, la devoción y la memoria de la comunidad diocesana.
Las inclemencias del tiempo obligaron a suspender la tradicional procesión por las calles, prevista como parte inicial de la celebración. Sin embargo, la lluvia no impidió que una multitud de fieles se acercara al templo para honrar a la Virgen.
Los actos comenzaron a las 15.30 con la bendición de la nueva imagen de Nuestra Señora de la Asunción, ubicada en el ingreso de la Iglesia Catedral. La obra busca representar la presencia maternal de María, que recibe y acompaña a quienes llegan al templo, especialmente a aquellos que buscan una palabra de consuelo, fortaleza y esperanza, conduciéndolos hacia Jesús.
Luego de la bendición, el cielo se cubrió de humo azul y blanco, en referencia a los colores del manto de la Virgen, mientras que serpentinas plateadas acompañaron el momento festivo.
Posteriormente, el clero, los seminaristas, acólitos y diáconos permanentes ingresaron solemnemente a la Catedral junto al Nuncio Apostólico y los obispos presentes. Participaron monseñor Marcelo “Maxi” Margni, obispo de Avellaneda-Lanús; monseñor Rubén Frassia, obispo emérito de Avellaneda-Lanús; monseñor Carlos Tissera, obispo de Quilmes; y monseñor Alejandro Benna, obispo de Morón.
El templo estuvo completamente colmado. A pesar de las condiciones climáticas, los fieles expresaron una vez más el profundo vínculo de la comunidad de Avellaneda-Lanús con la Virgen de la Asunción.
También participaron autoridades municipales, encabezadas por la intendenta de Avellaneda, Magdalena Sierra, junto a funcionarios y representantes de los municipios de Avellaneda y Lanús.
La Santa Misa se desarrolló en un clima festivo y de profunda participación. Durante la celebración, el Nuncio Apostólico dirigió unas palabras a la comunidad, en las que invitó a contemplar en María la plenitud de la humanidad redimida.
En ese sentido, destacó que se trata de una humanidad creada para Dios y llamada, siguiendo el ejemplo de la Virgen, a participar de la vida eterna y alcanzar el destino para el cual fue creada.
Al finalizar la celebración eucarística, se vivió uno de los momentos destacados de la jornada. La intendenta de Avellaneda y el presidente del Honorable Concejo Deliberante hicieron entrega al Nuncio Apostólico de la distinción de Ciudadano Honorario de Avellaneda, en reconocimiento a su visita a la ciudad y a la Catedral.
A continuación, el párroco, padre Gabriel Favero, pronunció unas palabras de agradecimiento y presentó dos acontecimientos vinculados con la historia religiosa de la comunidad.
En primer lugar, destacó la donación realizada por la familia Santos de la imagen de Nuestra Señora de Luján que durante años permaneció en uno de los accesos a la ciudad de Avellaneda y que, en los últimos tiempos, había sido custodiada por Néstor Santos, director del diario La Calle.
De esta manera, la imagen vuelve a quedar vinculada con la vida religiosa y la memoria histórica de la ciudad.
El padre Favero también recordó que la fecha de la celebración tenía una especial relevancia para la historia diocesana. El 15 de agosto de 1961, hace 65 años, monseñor Emilio Di Pasquo asumió el gobierno pastoral de la recientemente creada Diócesis de Avellaneda, convirtiéndose en su primer obispo.
Aquel acontecimiento representó un momento fundacional para la Iglesia local. La llegada de monseñor Di Pasquo había generado una gran expectativa, especialmente por su sensibilidad pastoral y por el perfil que se buscaba para una diócesis estrechamente vinculada con el mundo del trabajo y la realidad social de Avellaneda.
Como parte del homenaje a la memoria diocesana, durante la jornada se proyectó un video que evocó aquel histórico 15 de agosto de 1961. El material reunió los testimonios de la arquitecta María Déscole, del exembajador argentino ante la Santa Sede Carlos Kuster y del exintendente de Avellaneda Luis Sagol, quienes compartieron sus recuerdos y miradas sobre aquel momento fundacional.
La jornada concluyó con la bendición final y un encuentro fraterno. El Nuncio Apostólico, junto a los obispos presentes y los integrantes del Consejo Presbiteral, compartieron una merienda en el salón del Centro Gallego.
Así, pese a que la lluvia obligó a suspender la tradicional procesión, la comunidad pudo vivir la celebración de la Solemnidad de la Asunción con una masiva participación.
La jornada combinó la devoción a la Virgen, la presencia de autoridades religiosas y municipales y el reconocimiento de momentos fundamentales de la historia diocesana, renovando el espíritu de fe y esperanza de la comunidad de Avellaneda-Lanús.