Mientras millones de argentinos vuelven a ilusionarse con una nueva participación de la Selección en la Copa del Mundo, en Villa Domínico hay una historia que refleja como pocas la pasión y la fe que despierta la camiseta albiceleste.
Guillermo Ortiz, vecino de Avellaneda, protagonizó una singular promesa nacida en uno de los momentos más difíciles del Mundial de Qatar 2022. Tras la inesperada derrota de Argentina frente a Arabia Saudita en el debut, decidió salir a la Avenida Mitre con una gran bandera argentina para alentar al equipo de Lionel Scaloni.
Aquella jornada, impulsado por la esperanza de una recuperación deportiva, realizó una promesa que mantendría durante años: si la Selección lograba consagrarse campeona del mundo, saldría todos los días a la calle con la bandera, entre las 21 y las 22 horas, hasta el comienzo del próximo Mundial.
El 18 de diciembre de 2022, Argentina conquistó la tercera estrella en una final inolvidable frente a Francia y Guillermo comenzó a cumplir su palabra. Desde entonces, su presencia se convirtió en una postal habitual de Villa Domínico. Con una enorme bandera argentina y la camiseta celeste y blanca, se ubicó cada noche en distintos puntos de la avenida Mitre para compartir su alegría con vecinos y automovilistas.
Durante casi cuatro años, bocinazos, saludos y gestos de complicidad acompañaron su ritual cotidiano. Guillermo respondió siempre de la misma manera: con una sonrisa, un saludo y una frase que se volvió su sello personal: “¡Campeón, campeón del mundo!”.
Con el inicio del Mundial 2026, la promesa finalmente llegó a su fin. Sin embargo, lejos de representar un cierre, para Guillermo significa el comienzo de una nueva ilusión. La misma que moviliza a millones de argentinos: volver a ver a la Selección peleando por la gloria máxima y defendiendo la corona más preciada del planeta fútbol.
La bandera que durante años flameó en Villa Domínico ya cumplió su misión. Ahora, como en cada Mundial, será el turno de la pelota y de los sueños de todo un país.