CULTURA | 20 MAY 2026

EL LEGADO DE UNA CREADORA INDISPENSABLE

Eladia Blázquez: la voz de Gerli que desafió al machismo tanguero y reinventó la canción ciudadana

Nació en un entorno fabril de Avellaneda, rodeada de calles de tierra y raíces andaluzas. Rompió los moldes de un género nostálgico al aportarle optimismo, ironía y una profunda poesía social. A más de dos décadas de su desaparición física, la historia de "la Discépolo con faldas" que musicalizó al Sur.




La geografía urbana y los mapas de la infancia suelen modelar la obra de los grandes artistas. En el caso de Eladia Blázquez, nacida el 24 de febrero de 1931 en la calle Florencio Varela del humilde barrio de Gerli (partido de Avellaneda), esa marca fue indeleble. Hija de un carpintero salmantino y de una ama de casa andaluza, Eladia creció en un paisaje fabril de casas chatas, cercos de ligustro y vías de tren. Allí, a tan solo dos cuadras del viejo Puente Gerli, comenzó a gestarse una de las revoluciones poéticas más singulares de la música rioplatense.

A los ocho años ya cantaba coplas españolas y folclore tocando el piano de oído en el Cine-Teatro "Gerli" (popularmente conocido como "El Tachito"), ubicado sobre la Avenida Teodosio Sánchez de Bustamante. Aunque sus primeros pasos profesionales estuvieron ligados a la música de los ancestros que su abuela Margarita le transmitía, el destino la empujaría inevitablemente hacia el tango.

El quiebre y la irrupción en un mundo de hombres

Hacia fines de la década de 1960, tras una profunda crisis personal por la muerte consecutiva de sus padres, Eladia decidió dejar la casa paterna de Avellaneda. Fue en ese momento cuando se volcó de lleno a la composición tanguera. En 1970 editó su primer álbum dedicado al género ("Buenos Aires y yo"), irrumpiendo con una audacia inédita en un ambiente fuertemente machista y tradicionalista. Hasta su llegada, las mujeres en el tango ocupaban casi con exclusividad el rol de intérpretes; Eladia, en cambio, se plantó como autora total de sus letras y músicas.

Su estilo impactó de inmediato por su lenguaje actualizado y una temática renovada. Con una enorme destreza para combinar notas y palabras, le sumó a la típica melancolía del puerto una mirada optimista, irónica y combativa. Introdujo la crítica social y el inconformismo, ganándose el apodo popular de "La Discépolo con faldas". Su consistencia y profesionalismo la llevaron a hacer historia en 1973, al convertirse en la primera mujer elegida por unanimidad para formar parte de la Mesa Directiva de SADAIC como Secretaria General.

El "Sur" que se convirtió en himno

Aunque en 1975 se mudó a un departamento en la Ciudad de Buenos Aires, la distancia no hizo más que agigantar su lazo con Avellaneda. "De Avellaneda no puedo decir que me guste; puedo decir que la quiero, que es diferente", remarcaba con honestidad. Fue precisamente asomada a un piso 14, mirando hacia sus orígenes, donde compuso de un tirón su obra cumbre: "El corazón al sur".

Con la célebre frase "Nací en un barrio donde el lujo fue un albur...", Eladia inauguró un nuevo territorio conceptual para la música urbana. Distintos cronistas e investigadores de la época destacan que el tango construyó tres "Sures" fundamentales: el de Homero Manzi, el de Jorge Luis Borges y el de Eladia Blázquez. El de ella, a diferencia de los otros pasados por el filtro del mito, retrató el Sur real: el obrero, el laburante, el populoso y fabril. La canción caló tan hondo que terminó transformándose en un himno de resistencia para los exiliados argentinos en el mundo.

Una obra inquebrantable ante el poder

A lo largo de su trayectoria, que incluyó la creación de unas 300 canciones y más de diez discos, Eladia pagó el precio de sus letras de clara rebeldía. La última dictadura militar prohibió temas suyos como "Prohibido prohibir", y en los años 90 sufrió la censura de "Argentina, primer mundo" debido a su dura crítica al gobierno de turno. Sin embargo, obras imperecederas como "Honrar la vida" —adoptada como bandera solidaria en las escuelas—, "Sueño de barrilete" o su celebrada colaboración poniéndole letra al "Adiós Nonino" de Ástor Piazzolla, la blindaron contra el olvido.

Nombrada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires en 1992 y ganadora de dos Premios Konex de Platino, Eladia Blázquez falleció el 31 de agosto de 2005 a los 74 años. Dejó físicamente el asfalto porteño, pero sus cenizas hoy descansan en el Panteón de SADAIC de la Chacarita y su memoria late viva tanto en la España de sus abuelos como en las calles laberínticas de su amado Gerli. Como ella misma dejó cantado en sus versos más sentidos: "La geografía de mi barrio llevo en mí / será por eso que del todo no me fui".