La persistente suba de precios y la pérdida del poder adquisitivo reactivaron las prácticas de trueque en barrios y comunidades, reflejando la profundidad de la crisis y la búsqueda de soluciones fuera del mercado formal.
En distintos puntos de Avellaneda, como Villa Corina, Wilde y Sarandí, vecinos organizan ferias barriales y grupos comunitarios donde el intercambio, la compra y la venta aparecen como estrategias de subsistencia. Alimentos básicos, ropa y otros productos circulan durante estas jornadas, en un contexto de creciente tensión económica.
Esta dinámica surge en medio de una inflación sostenida y de la caída de los salarios frente a los precios, factores que condicionan la vida cotidiana en los barrios. Lo que parecía un recuerdo de la crisis de 2001 vuelve a instalarse: el trueque reaparece como una herramienta frente a la urgencia.
Según relató Teresa, organizadora de los encuentros que se realizan en el club El Porvenir de Wilde, ubicado en Mansilla 6350, entre San Carlos y Esteban Echeverría, esta práctica se convirtió en un mecanismo para sobrellevar la situación. “No lo hacemos por gusto, lo hacemos por necesidad”, explicó.
Si bien se trata de una modalidad limitada, el fenómeno expone las dificultades que atraviesan muchos vecinos ante la pérdida del poder adquisitivo y la falta de ingresos estables.
La presión económica, el desempleo y la suba constante de precios impactan con mayor fuerza en los sectores populares, donde estas prácticas también son interpretadas como formas de resistencia. En paralelo, el contexto macroeconómico y las restricciones fiscales agravan el escenario, profundizando los niveles de pobreza.
El regreso del trueque, más allá de su alcance, funciona como un síntoma social que refleja cómo amplios sectores recurren a la creatividad y la solidaridad para enfrentar un presente marcado por la urgencia.