AVELLANEDA | 10 NOV 2025

HISTORIA

Rieles de Avellaneda: del tranvía al bondi, un viaje por la historia del transporte local

Desde el primer ramal inaugurado en 1873 hasta el último tranvía desmantelado en los años 60, Avellaneda vivió sobre rieles una historia de progreso, trabajo y modernización que hoy continúa con sus emblemáticas líneas de colectivos.




Desde su inicio, el tranvía fue un medio popular y económico para trasladarse, a lo que algunos lo apodaron “tranvía del proletario” porque llevaba a cientos de miles de jornaleros a sus lejanos hogares en los barrios y villas que se estaban formando. Avellaneda Hoy saca del arcón de los recuerdos un medio de transporte que acompañó el progreso de Avellaneda.

Fue justamente en 1871 cuando la compañía “Tramways Ciudad de Buenos Aires” le solicitó al municipio de Barracas al Sur (hoy Avellaneda) la concesión para trazar una línea férrea entre el Puente de Barracas y el lugar hoy conocido como Crucecita. Otorgado el permiso, los trabajos de instalación de las vías comenzaron en noviembre de 1872, para entrar en servicio público al año siguiente.

Un dato interesante era que este ramal de Avellaneda no estaba conectado con el resto de la red de la empresa en la ciudad de Buenos Aires. Esto se produjo tanto en la Municipalidad de Buenos Aires como en la de Barracas al Sur, porque la autorización de circulación del tranvía era para recorrer sus calles; por lo tanto, no había autorización para la instalación de vía sobre el puente. En consecuencia, los pasajeros debían cruzar el puente a pie.

En 1891, los rieles fueron prolongados hasta la estación Gral. Mitre (hoy Sarandí). Pero hubo algo más importante en ese momento: se autorizó a la empresa a tender sus vías sobre el puente y conectar el ramal con la red capitalina. En esa época, todo transporte tranviario funcionaba tirado por caballos, hasta que a fines de siglo apareció la electricidad para su transformación.

La ley promulgada por el Poder Ejecutivo Nacional en 1896 concedió a la empresa Quesada Hnos. los derechos para construir y explotar una línea de tranvías hacia el sur. Por lo que debían construir un puente sobre el Riachuelo (hoy Puente Bosch), cerca del Puente de Barracas. Pero recién en 1902 se autorizó la instalación de los rieles sobre las calles y caminos, como también la construcción de un viaducto sobre el arroyo Sarandí, donde a futuro circularía el tranvía cruzando todo Avellaneda.

Después del decreto, se comenzó el arduo trabajo de terraplenar todo el recorrido, debido a los enormes bañados que anegaban casi todo el año el Camino Real hasta Quilmes (hoy Avenida Mitre). El servicio comenzó en 1906 y su recorrido era de 15,2 km entre el Puente Barracas-Quilmes, con paradas dentro del partido Barracas al Sur (hoy Avellaneda), en Crucecita, General Mitre (hoy Sarandí), Quinta Dominico y Villa Jurado en Wilde.

La compañía Anglo Argentino compró a Quesada Hnos. en 1914 la empresa tranviaria, por lo que la línea que cubría el trayecto de Plaza de Mayo a Quilmes la llamaría 22, línea fuertemente impulsada por Otto Bemberg, dueño de la Cervecería Quilmes, mientras que la línea Recoleta a Sarandí pasaría a llamarse 17 y una tercera se llamaría la 74, que cubría desde la Aduana hasta Avellaneda.

Pero la era del tranvía terminaría en Avellaneda, como en el resto del área metropolitana, con su desmantelamiento entre 1961 y 1963. La principal razón de esta desaparición fue la competencia con el transporte automotor, que se popularizó rápidamente y generó problemas en el tráfico urbano.

Los herederos de ese tiempo y patrones hoy del Camino Real son el 22 y el emblemático “bondi de Avellaneda”, el 17, que alargó su recorrido hasta Cadorna y Camino, y que hoy recorre casi toda la trama de la Avenida Mitre, como recordando aquel tranvía, con sus refugios de madera con bancos para los viajeros. Viajeros que hoy esperan en cada esquina para llegar a su trabajo y volver disfrutando de un transporte urbano que entiende del bienestar para el trabajador, modernizando constantemente sus unidades.

Por lo tanto, en tiempos donde en ciudades tan diferentes como Düsseldorf, Alemania; París, en Francia; Viena, en Austria; como también en la ciudad asiática Dubái, funcionan estos servicios eléctricos, con diseños aggiornados en algunos casos y cuasi futuristas en otros, será nuestro 17 el que, a futuro, muestre las nuevas tecnologías en función del cuidado ambiental, dado que siempre está a la vanguardia del bienestar del trabajador y del ciudadano de a pie.