Por: Alejandro Arnedo
Los últimos datos surgidos de un estudio llevado a cabo por el Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) arrojaron un saldo de 24,9 millones de argentinos pobres. La medición corresponde al segundo trimestre de 2024 y representa un incremento de 11 puntos porcentuales respecto a la muestra llevada a cabo por la institución en el tercer trimestre de 2023.
De estos datos se desprende que 4 millones de habitantes cayeron en la pobreza desde octubre de 2023 hasta julio de 2024.
La indigencia, que comprende a aquellas personas que no llegan a cubrir las necesidades básicas alimentarias, pasó en el mismo periodo de 9.6% a 18.5% duplicandose como se puede apreciar.
La pregunta es "¿Hasta cuándo?" y "¿Hasta dónde?" la población de un país productor de alimentos y con una riqueza y diversidad de recursos decidirá retroceder.
Estos números y porcentajes se produjeron en un periodo de tiempo corto luego de la elección presidencial ganada por más del 55% en el balotaje de noviembre pasado.
El tratamiento de temas como la pobreza en porcentajes, su origen y las causas obliga a poner el foco en la economía y sus políticas. Allí se observa que en ese lapso, además del cambio de gobierno se produjo una apertura de la economía, una devaluación de la moneda de un 130%, una suba de precios generales que acompañó a dicha depreciación del peso y un alza fenomenal en las tarifas de los servicios básicos.
Estos factores concatenados y el congelamiento prolongado de salarios y jubilaciones arrojaron como resultado una caída de ingresos en el grueso de la población.
De allí es donde surge éste crecimiento de los índices de pobreza e indigencia.
A su vez la desregulación de la economía produjo no sólo el alza de precios sino una caída del nivel de empleo en la cual el sector industrial y el comercio fueron de los sectores más afectados.
Del total de la población económicamente activa el 27% tiene un empleo precario o en negro (como suele decirse) mientras que el 24% se encuentra subempleado de manera inestable.
Al analizar este cuadro de situación, lejanas parecen haber quedado las promesas del mandatario cuando afirmaba que el ajuste lo pagaría la casta política. Tampoco se aprecia un alivio en las tarifas de transporte : el boleto mínimo de colectivo en el AMBA pasó de $52 en diciembre a los $370 actuales. Sumemos las alzas en combustibles: el litro de nafta paso desde diciembre de $370 a $1300 y se anuncia un nuevo aumento del 8% a partir del mes de noviembre
En el horizonte no se avizora una mejora de la situación. Por un lado se aprecia a un gobierno dogmático que pone el acento en la macroeconomía persiguiendo un superávit económico y fiscal pero no como producto de una mayor actividad económica y productiva sino como resultado de recortes y ajustes masivos. Por el otro lado una sociedad que de repente se encontró dentro de una olla a presión: aguanta, soporta, sostiene pero a su vez es llevada hasta sus límites. La cantidad de gente que se suma a la venta informal como sustento de vida, el incremento de personas que pasó a vivir en situación de calle, la suba de delitos como el arrebato o los ataques piraña, el aumento de la violencia en la calle y a su vez el narcotráfico como opción de salida laboral muestran un combo parecido a una bomba de tiempo.
El desenlace de este cuadro de situación es un final abierto con pronóstico reservado. Lo cierto es que a tan solo diez meses de haber asumido el gobierno, Javier Milei con la figura de la motosierra ha dinamitado buena parte de su capital político interno en tiempo récord apelando a la descalificación e insulto contra cualquier voz crítica que se haya alzado en su contra y en la acción concreta al veto sistemático en temas sensibles como el aumento de las jubilaciones o el presupuesto a las Universidades Nacionales, problemática esta última que atraviesa a toda la sociedad de manera transversal.
La impresión que da el gobierno es la de encontrarse encerrado en su propio laberinto, a solo dos meses de diciembre, un mes sensible históricamente para nuestra sociedad y con la llegada de un año electoral a la vuelta de la esquina ¿Llega?