Por: Santiago Montenegro
El día que el Rojo tocó fondo en su rica historia. Malas campañas, gestiones paupérrimas, jugadores que nunca midieron el contexto del Club. Todo eso conllevó al momento más oscuro de una de las instituciones más grandes de Avellaneda y Argentina. El fútbol argentino venía de atravesar hacía dos años un hecho impensado: el descenso de River, tras ser derrotado por Belgrano en la promoción. Ahora le tocó otra.
Los denominados “cinco grandes” del país pasaron por la peor debacle de la historia. En 2008, Racing estuvo cerca de descender, también en la promoción y justamente ante el Pirata cordobés. Se salvó en el Cilindro. En 2011, pasó lo mencionado con el Millonario. En 2012, San Lorenzo estuvo a minutos de irse a la Primera B Nacional, pero un gol de Emmanuel Gigliotti en la agonía del encuentro frente a Newell’s, que peleaba el torneo, lo salvó. En la promoción, pudo superar a Instituto sin problemas. En 2013, Boca salió penúltimo en el campeonato. Pero esto quedó opacado por la caída de Independiente a la segunda división.
Las pésimas gestiones llevaron a quedar al límite de la quiebra a los grandes. En el Rojo, Julio Comparada dejó el Club en 2011 con una deuda cercana a los 300 millones de pesos, mientras que Javier Cantero nunca supo qué hacer y el montó creció a los 450 millones aproximadamente. Éste último sólo se dedicó a pelearse con la barra, que le trajo más inconvenientes de los que ya tenía. Como consecuencia, los presidentes del resto de las instituciones le dieron la espalda y hasta tuvo cruces con el mandamás de la AFA, Julio Humberto Grondona. En las tribunas estaba todo caldeado.
Esto es resumidamente el contexto institucional, ¿Y en lo deportivo? Todo comenzó en el Apertura 2010. Independiente venía de hacer una muy buena campaña con Américo Gallego (estuvo muy cerca de salir campeón, pero decayó en el tramo final) y clasificó a la Copa Sudamericana. Daniel Garnero puso toda su atención en el certamen internacional y dejó de lado el nacional. Eliminó a Argentinos, campeón del Clausura 2010, de la Copa y en el torneo no paraba de perder. Al no hacer pie en el campeonato, Dani dio un paso al costado. Luego asumió Antonio Mohamed. En la Sudamericana pasaba de ronda, pero en el Apertura no lograba ganar.
El 8 de diciembre de 2010, el Rojo obtuvo la Copa Sudamericana en Avellaneda ante el Goiás de Brasil. De visitante perdió 2 a 0 y de local venció a los brasileños por 3 a 1. Forzó penales y ganó 5 a 4, para que el pueblo rojo explote de alegría. Pero que el árbol no tape el bosque. Mientras se festejaba el título, el Rey de Copas finalizó último con 14 puntos. La gente le dio poco interés porque no iba a imaginarse lo que iba a ocurrir posteriormente.
Ya en 2011, Independiente, al haber ganado la Sudamericana, clasificó a la Libertadores. Sin embargo, el Turco Mohamed decidió enfocarse en revertir su momento en el torneo local y se fue en fase de grupos. Por el Clausura del mencionado año, el Rojo salió sexto con 29 puntos y se había reivindicado. Mientras tantos, los hinchas veían descender a River, sin pensar que le iba a pasar a su equipo. En la segunda mitad del año, los de Avellaneda perdieron la Recopa Sudamericana, la Suruga Bank y el reingresó a la Sudamericana. Eso le pesó al entrenador y, por presión de la barra, debió irse, para que llegue Ramón Díaz. En ese campeonato, salió octavo con 27 unidades. Para cerrar el año, hubo cambio de presidente, donde ganó Javier Cantero.
En 2012, Independiente tuvo un primer semestre sin competiciones internacionales. Sin embargo, no comenzó el año positivamente. El Pelado Díaz perdió los cuatro primeros partidos y, acto seguido, se fue. Allí asumió Christian Díaz, que tuvo un debut muy interesante. En su primer compromiso, sacó un resultado histórico: 5 a 4 ante Boca, el último campeón, en La Bombonera y le cortó un largo invicto. Luego aplastó a Racing 4 a 1 en el Clásico de Avellaneda como local. Parecía tomar las riendas del equipo, pero luego descarriló. Finalizó 16° con 20 puntos. En la segunda parte del año, el Rey de Copas sufrió la pérdida de la tremenda campaña del 2009/2010, donde estuvo muy cerca de campeonar. Christian Díaz disputó la Sudamericana, avanzó tres rondas y quedó eliminado. Allí volvió a ser el verdugo del Xeneize. Un mal arranque en el torneo provocó la dimisión del director técnico para que vuelva, a pedido de todo el mundo rojo, Américo Gallego. Y mucho no pudo resolver: salió 18° con 17 unidades. El clima volvió a estar hostil en Avellaneda y los hinchas ya empezaban a preocuparse por la situación del Club. El promedio estaba muy bajo y culminó el año en zona roja. Encima la crisis económica era cada día peor.
Y llegó el 2013. Con el Tolo al mando, Independiente comenzó el año ganándole 1 a 0 al campeón vigente Vélez en Liniers y el Clásico de Avellaneda 2 a 0 como local. Pero el equipo tuvo un enorme bajón que le costó la salida de la institución a Gallego. Y ahí se concretó la vuelta de un histórico: Miguel Ángel Brindisi, recordado por la obtención del Clausura 1994, la Supercopa 1994 y la Recopa Sudamericana 1995. Parecía ser la salvación, hasta consiguió tres victorias en su corto momento, pero perdió el control del barco.
Rápidamente llegó la penúltima fecha contra San Lorenzo. Un triunfo le daba un aire esperanzador, de cara a la última jornada. Una derrota, lo condenaba al descenso. En la segunda parte, un disparo de Ángel Correa (luego iba a ser campeón del mundo con la Selección argentina) que fue adentro del arco, dejó resignado y llorando a todo un estadio. Para colmo, uno de sus rivales directos, Argentinos, le ganaba 1 a 0 a Colón. Cuando el árbitro Silvio Trucco pitó el final, la tristeza inundó Avellaneda. Independiente había tocado fondo. Había perdido la categoría. Todos mirando el cielo y preguntándose porqué pasaba esto. A diferencia de River, los hinchas no provocaron disturbios y se quedaron en la cancha alentando, mientras le caían lágrimas.
Tras 108 años (en ese momento), la rica historia quedó manchada por ineptos que pisaron la puerta de la Sede y dejaron al Club a la miseria, agonizando, en la desidia. Le faltaron el respeto a un grande de Avellaneda, Argentina y el mundo. Se cuentan tres años porque son los puntos que mandaron a la B a Independiente, pero esta historia viene de más atrás. Lo destrozaron. Jugadores, dirigentes, entrenadores, etcétera. Todo un Desastre. Ahora, los hinchas aprendieron de los errores y deben evitar que esto vuelva a acontecer.